Domingo, 12 de Marzo de 2017
La Colonia Tovar, un pueblo alemán en Venezuela

Las montañas de la Cordillera norte del estado Aragua guardan un pueblo muy particular, caracterizado por el aire fresco, los hermosos paisajes y su cultura alemana; muy cerca de él se encuentran las playas del Caribe, adornadas con palmeras y un ambiente tropical. Éste es, sin dudas, un lugar paradisíaco que ocupa uno de los primeros puestos en la lista de los destinos turísticos predilectos del país.

 

En el año 1830 inició la vida independiente de Venezuela al separarse de la Gran Colombia, situación que generó dos grandes problemáticas; la primera,  fue la necesidad de cartografiar la nueva República  para conocer el tamaño y la forma de ésta, tarea que realizó durante esa década el geógrafo Agustín Codazzi. La segunda problemática surge por la escasez de población, consecuencia de las Guerras de Independencia. Después de la partida de los españoles solo quedaban algunos criollos, indios y esclavos negros. Hacía falta la fuerza de colonos para levantar la economía del país. Sin una inmigración desde Europa, Venezuela se quedaría atrasada por mucho tiempo, por esta razón,  los políticos del Congreso Nacional planteron la idea de realizar un proyecto migratorio.

 

En 1840 Codazzi parte a París con el propósito de imprimir su gran “Resumen de la Geografía de Venezuela“, para ello escogió uno de los mejores talleres de imprenta, donde nació una gran amistad con el alemán oriundo de Endingen, Alexander Benitz. Cuando Codazzi comentó el problema en Venezuela y la necesidad de la inmigración, Benitz sugirió probar suerte en su propia patria, la región del Kaiserstuhl, donde el siglo XIX no había iniciado con buen pie. Primero las guerras napoleónicas, después cosechas fallidas por razones de heladas o fuertes tormentas. La población estaba empobrecida y buscaba de emigrar.

 

Finalmente llegaron a un acuerdo: Codazzi, regresó a Venezuela para pedir ayuda al Congreso y Benitz, se va a su patria para dar a conocer el gran proyecto que ofrecía la oportunidad de emigrar a Suramérica en busca de una mejor calidad de vida. Dos años después todo estaba firmado y sellado. El 18 de diciembre de 1842, Benitz encabezo un grupo de casi 400 personas que salió desde Endingen, para atravesar 700 km por tierras francesas hasta llegar a Le Havre, donde embarcaron el velero “Clemence”, que partió hacia Venezuela el 19 de enero de 1843.

 

La travesía no fue sencilla. En las primeras semanas unas tempestades marearon casi todos los 389 pasajeros, nadie antes había estado en alta mar. Pasados los días llegó un tiempo de paro y el barco poco se movía. La cocina en la cubierta se incendió, pero el fuego fue controlado. Sumado a todos estos acontecimientos,  estalló una epidemia de viruela, causada por un marinero enfermo que cobró la vida de 19 colonos, en su mayoría niños pequeños, que fueron entregados a las olas. Finalmente, el 4 de marzo de 1843 llegaron a la rada de La Guaira, pensando en desembarcar al día siguiente, pero no fue así.

 

Todavía quedaban algunos enfermos en el barco, por esta razón se impusó una cuarentena por cuatro semanas, suavizada con la facilidad de irse hasta Puerto Maya para completar allá el tiempo, período que se cumplió en Choroni por no encontrar manera de anclar en Puerto Maya. Desde Playa Grande en Choroni,  los 374 emigrantes, después de descansar por diez días, comenzaron su larga marcha por Maracay y La Victoria hasta el sitio de su nuevo asentamiento.

 

Habían pasado 112 días de penurias, desde la salida de Endingen, hasta la llegada a Tovar el 8 de abril de 1843; los colonos traían la esperanza de encontrar el mágico pueblo que les fue prometido en Alemania, pero no había un mágico pueblo, solo encontraron algunas deforestaciones recién quemadas, con  troncos que aun ardían, algunas chozas techadas con hojas de palma y pocos caminos. Cada familia debía recibir una vaca con becerro, un cochino con lechones, un gallo con gallinas y un burro o una mula. No habían rastros de ninguno de estos animales.

 

Casi cuatro meses de sacrificios y en su llegada a la tierra prometida vivieron una gran desilusión. Estaban lejos de su patria y sin esperanzas. Las mujeres y los niños lloraban, los hombres maldecían su destino. Pero no había remedio, se encontraban en el que sería su nuevo hogar y las lluvias estaban por llegar. Debían iniciar una nueva vida.

 

Después de cuatro meses, ya se habían construido más de 50 casas, una fragua producía hachas, sierras y picos, un carbonero fabricaba excelentes carbones para dicha fragua. Los torneros hacían cubos y platos de madera, los toneleros barriles y cubetas, algunas de estas fueron llenadas por el cervecero con su espumante líquido de cebada y lúpulo. Sastres y zapateros trabajaron todo  el día, igual aquellos que hacían velas y jabones. Los alfareros fabricaban ladrillos y bloques, en la montaña se cortaban tablas, que los carpinteros convertían en muebles, puertas y ventanas. Una iglesia, con techo de palma,  para 400 personas, estaba casi terminada.

 

En el rio Tuy funcionaba un aserradero y un molino para moler granos, ambos impulsados por la fuerza del agua. Un matadero beneficiaba carne, la gente tenía carretillas para transportar más fácil los sacos y las piedras. Los tejedores hacían correr sus lanzaderas de hilos y un barbero  sonaba  sus  tijeras todo el día. También estaba un joven médico, tratando en mantener sano a la población y ayudando a salir al mundo a los nuevos miembros de la comunidad. Los marmoleros y cortadores de piedra confeccionaban piedras para moler y amolar. También fabricaron muchas lapidas, para las  29 personas que murieron en estos meses, la mayoría niños y  14 adultos, que dejaron una brecha grande en la población.

 

Aunque todas las manos estaban ocupadas para poder sobrevivir, el suministro con los alimentos y enseres no siempre funcionaba bien. Se formaron dos grupos, los que estaban a favor con Codazzi y Benitz y los que estaban en contra, ya que estos dos no cumplían con las promesas dadas. Como cada adulto tenía  deudas  impagables con el Coronel, el ambiente en el pueblo pronto se puso muy tenso. Cuando Codazzi coloco detrás de cada agricultor un vigilante con fusil y sable, los ánimos se caldearon, y  una  abierta revuelta estalló.  Algunos colonos se fugaron por la selva hasta Caracas para buscar ayuda y consejo en la recién fundada Asociación Alemana de Beneficencia. Pero casi todos fueron capturados por Codazzi y llevados a la prisión de La Victoria. Cuando en 1846 el Coronel finalmente se fue como gobernador a Barinas, en Tovar quedaron solamente 225 personas, que algo mas tarde se reducían a 176. Algunos murieron, otros habían partido a la ciudad.

 

Aquellos que quedaron en la Colonia Tovar comenzaron con la construcción de caminos hacia La Victoria y  Caracas por el Lagunazo, Altos de Ño León, Macarao y Las  Adjuntas. En 1851 llegó otro pequeño grupo de inmigrantes alemanes, pero lo más importante era el hecho de que la familia Tovar donó las tierras a los colonos. Durante las guerras federales entre 1859 y1864, la población sufrió mucho por las mensuales incursiones de la soldadesca, que robaba lo que podía y destruía lo que quedaba. En 1865 murió Alexander Benitz  en Tovar, pero el pueblo ya había echado raíces. Lo que faltaba era un producto que daba a la gente un cierto bienestar económico.

 

Algunos años antes uno de los colonos, Jakob Ruh, cuya bodega estaba en el camino de tránsito hacia La Victoria, observaba que los sacos  que cargaban los arreos que pasaban por su sitio, eran mucho más valiosos que todas las ruedas y barriles que se producían en Tovar. Estos sacos contenían café, pero la variedad montañera, mucho más aromático y caro que el café de las tierras bajas. Así Jakob Ruh comenzó a sembrar café por las afueras de Tovar, convirtiéndose en el transcurso de algunos años en el hombre más rico del poblado. Otras familias, como los Breidenbach, Strubinger, Rudmann, Ziegler y Gerig seguían su ejemplo y para 1900 se cosechaba en Tovar hasta 5000 quintales (un quintal son 57 kg) de café montañero, que se vendían a los grandes almacenes en La Victoria y después de la construcción del ferrocarril Caracas-Valencia, en la misma capital. Su hijo, Wilhelm-Guillermo Ruh, manejaron por más de cuatro décadas los destinos de Tovar.

 

Mientras los tovareños mejoraron  económicamente, la situación social y educativa empeoró. Como los hombres iban con sus muchachos a trabajar en los cultivos de café que estaban en las afueras de Tovar, las mujeres con las niñas se quedaban en el pueblo, atendiendo las casas, las siembras y los animales. Casi nadie iba a la escuela y tampoco habían maestros. El médico francés y el maestro alemán, se habían ido,  uno a buscar oro en Guayana, el otro porque no le pagaban. La iglesia también estaba huérfana, ya que el padre vino una vez al año, celebrando la misa en español, que casi nadie entendía. Cada vez menos y menos personas sabían leer y escribir, ni en alemán que hablaban y tampoco en castellano que tanto les hacía falta.

 

Un pequeño grupo de tovareños vio este desarrollo negativo con preocupación y comenzó hacer algo al respecto. Gertrude Kohler, la viuda de Martin Collin, empezaba leer La Biblia que había traído de Alemania, todos los días en el Stündli, la hora. Además enseñaba gratis a los niños leer y escribir. Dos de sus hijos, Bonifacio y Gertrudis agarraron luego la administración de la pequeña escuela.

 

Un científico suizo, Eugenio Bandelier, vivía desde 1886 hasta 1889 en Tovar. El era también medico y trató a los enfermos lo mejor que pudo. Su asistente voluntario no era nadie más que Gertrudis Collin. Ella iba con él, anotando en un cuaderno todo lo que había que hacer en el caso de las enfermedades. Luego cuando Bandelier se había ido, Gertrudis continuaba con la “Medizineria”, aparte de su trabajo como maestra y del “Stündli”. Gertrudis se quedó en contacto con Bandelier por correo y cada vez que surgió una enfermedad que no conocía, escribió una carta pidiendo ayuda, y el buen médico se lo daba también por escrito. Ella estaba casada con Juan Ruh y tuvo 14 hijos, además la escuela, la “Medizineria”y el “Stündli”; todo esto voluntariamente.

 

Las familias Collin, Kohler y Ruh eran el centro del grupo de los idealistas. Años después se convirtieron en protestantes, viviendo una vida modesta, a contrario de  otros caficultores, que por su bienestar económico se entregaban al juego y a la bebida. Ahora había dos confesiones en Tovar, lo que no era ningún problema, porque en las tardes todo el mundo escuchaba en el “Stündli” los relatos de Gertrudis Collin.

 

En el año 1916 se construyó la escuela en la plaza, hecho por los mismos tovareños, con la ayuda de Eduardo Roehl como arquitecto y Alfredo Jahn, un hacendado alemán, vecino de Tovar, quien donó la madera para la escuela. Su abuelo, Gottfried Jahn, estaba en contacto con Codazzi y Benitz desde 1841, años antes de la fundación del pueblo. En 1933, la familia Jahn compro la casa que era de Codazzi, fue bellamente restaurada y en la actualidad se encuentra frente a la iglesia.

 

Richard Aretz, un maestro de escuela vino en 1929, su hermano Karl, un sacerdote, seis años después. Junto con la Baronesa Elisabeth von Kehler, quien llego en 1931 desde Indonesia y su sobrino, el médico Wolfgang Joachim, residenciado desde 1934 en el pueblo, estas cuatro personas fueron predestinadas para imprimir su sello personal en este pueblito de la Selva Negra. La Baronesa enseño a los niños canciones y bailes alemanes, las muchachas aprendieron a coser y tejer, además a hornear buenos pasteles. El médico ayudó como podía, muchas veces sin ser pagado. 

 

Karl Aretz, el cura, se ocupaba de la salvación de las almas colonieras, mientras su hermano Richard enseñaba a los niños leer y escribir en alemán. Como él era también el representante de la “Junta de Desarrollo y Fomento“, un grupo de hombres del clan de los de Tovar, quienes procuraban arreglar los problemas legales del pueblo, pronto surgieron las primeras discrepancias. Aretz quería convertir a Tovar otra vez a lo mas teutónico posible, para asemejarlo más a la vieja patria alemana, donde, desde su nombramiento en 1933 como canciller, el Führer, hacia algo similar.

 

Tovar tenía desde su fundación una gama de leyes locales, que Aretz aplicaba ahora con más rigor. Cada hombre adulto tenía que poner una tarea semanal para reparar caminos o construir nuevos. Los linderos de los terrenos fueron impuestos por Aretz, también los derechos de aguas, se invento un programa agrícola para la siembra de hortalizas y se comenzó el trazado de una carretera de Tovar hacia Caracas.

 

El punto de quiebre que dividió el pueblo, eran las tantas tareas voluntarias para la reparación vial y de los edificios públicos, y el intransigente uso de las  leyes colonieros.  El ambiente era tan caustico, que la oposición alrededor de Heinrich Ruh, el antiguo grupo de los idealistas, abandonó en 1936 Tovar, para fundar una nueva colonia agrícola cerca de Cua. Pero este proyecto falló porque unos meses antes había muerto el dictador Juan Vicente Gómez, quien apoyaba estas ideas. Por esta razón Heinrich Ruh regresaba otra vez a Tovar.

 

En 1936 vino una antropóloga desde Berlín-Rita Hauschild-, para averiguar si el material genético en este poblado en la Cordillera de la Costa todavía estaba apto para ser integrado a la Gran Alemania. Todo esto irritó tanto, que Aretz recibió cartas anónimas amenazadoras, que lo llevaron como resultado a empeñarse todavía más en su afán de una “Alemanidad” intransiguiente, hasta finalmente en el año 1942, fue expulsado de Venezuela, junto con su hermano y una maestra alemana, por actividades nazistas. Algunos años antes, en 1938, el había construido, junto con un alemán de Caracas, un pequeño hotel en su terreno al lado de la iglesia, que mucho mas tarde gano fama mundial como el hotel “Selva Negra”.

 

Tovar cumplía casi un siglo cuando el entonces presidente de Aragua, Pacanins, integró en 1942  la  Colonia Tovar irrevocablemente como municipio al estado Aragua. La plaza del pueblo se convirtió en plaza Bolívar y todas  las leyes locales caducaron en beneficio de las normas locales. Finalmente Tovar era de verdad, parte de Venezuela.

 

En los años 50 se comenzó con la construcción de la carretera hacia Caracas, que se asfalto en 1961. Al mismo tiempo el  pueblo fue declarado como destino turístico y durante los años más visitantes se interesan por conocer el lugar; muchos de ellos regresan otra vez.

 

A nuetros días, la gente pasea por este pueblo de nombres raros, tratando de disfrutar un poco aquella pequeña parte de Alemania en Venezuela.

 

Bibliografía: Leopoldo Jahn Montauban, La Colonia Tovar y su gente.

Fuente: Peter Leitner

 


Gabriela Breidenbach
Compartir este contenido →
©2009 - 2017 www.colonia-tovar.com - Todos los Derechos Reservados
Acerca de Nosotros
Somos una página web nacida en 2009 en esta misma localidad con la finalidad de mostrarle al público de todas las latitudes el pequeño paraíso al que llamamos Colonia Tovar.

Fundado por Bergman, Breidenbach y Misle.

Más Información
Políticas de Privacidad
Web Aliadas